El litio no es el único camino. CATL lleva años trabajando en esa premisa, y el 21 de abril confirmó que la primera batería de sodio-ión de la historia en alcanzar producción en masa tiene nombre propio —Naxtra— y fecha: el cuarto trimestre de 2026.
No es un prototipo ni un anuncio de hoja de ruta. Es el resultado de haber resuelto, uno por uno, los problemas de fabricación que durante años han mantenido al sodio-ión fuera de la producción comercial a gran escala.
Por qué importa el sodio
El sodio-ión tiene ventajas claras frente al litio en determinados escenarios: funciona bien en temperaturas extremas —tanto frío intenso como calor elevado—, no depende de litio, cobalto ni níquel, y sus materias primas son considerablemente más abundantes y baratas. El CTO de CATL señaló en el evento que su apuesta por múltiples químicas no es una opción, es una necesidad: ningún material es óptimo en todos los contextos, y el sodio-ión cubre escenarios donde el LFP o el NCM no son la mejor respuesta.
El problema hasta ahora era llegar desde el laboratorio hasta la línea de producción. CATL detalla en la presentación cuatro retos de fabricación que tuvo que resolver de forma específica para el sodio-ión: el control de humedad en los materiales durante la producción, la generación de gases durante la preparación de la pasta de carbono duro, la adhesión del recubrimiento en el colector de aluminio del ánodo, y la consistencia de la interfaz en el proceso de formación del ánodo in situ. Todos resueltos, según la compañía.
El año pasado, en el Super Tech Day de 2025, CATL presentó la versión técnica de esta batería con una densidad energética un 50% superior a generaciones anteriores. La Naxtra de 2026 es la traducción de ese desarrollo a una línea de fabricación industrial.
Comentario ElecTrips
La entrada del sodio-ión en producción masiva tiene implicaciones que van más allá de las especificaciones técnicas. En un contexto de tensión geopolítica sobre las cadenas de suministro de litio y materiales críticos, una batería sin dependencia de esos recursos es también una apuesta estratégica. Para el usuario final, el impacto más inmediato será en el segmento de entrada: coches urbanos más baratos, con autonomías modestas pero suficientes, que funcionan bien en invierno y tienen un coste de fabricación menor. En España, donde el precio sigue siendo la principal barrera para la electrificación masiva, el sodio-ión podría ser una pieza importante del puzzle. Siempre que llegue, claro.





