BYD ya mira más allá de su primera fábrica europea en Hungría. Stella Li, vicepresidenta ejecutiva de la marca y responsable de su expansión global, ha confirmado que la compañía busca activamente una segunda instalación de producción en Europa, y ha señalado a España como un enclave con ventajas competitivas reales para fabricar vehículos eléctricos.
Una segunda planta en Europa: no es un rumor, es una búsqueda activa
Las palabras de Li no dejan mucho margen a la interpretación. En declaraciones a Carlos González de TestCoches, la directiva fue directa: «Ya estamos buscando una segunda planta que podría ser una instalación ya existente». No habla de estudios de viabilidad ni de intenciones a largo plazo. BYD busca, y lo hace ahora.
La filosofía que guía esa decisión es la misma que ha aplicado en cada mercado donde ha ganado peso: «Cada vez que entramos en un mercado grande, siempre consideramos que construir una fábrica local es un plan más sostenible a largo plazo». Es el mismo razonamiento que llevó a la marca a instalarse en Hungría. Y parece que Europa aún necesita otro punto de producción.
Por qué España aparece en el mapa
Li nombra explícitamente a España. El argumento es económico y concreto: el coste competitivo de la electricidad en el país ayudaría a mantener los costes de fabricación bajos. En un contexto en el que la energía es uno de los grandes condicionantes del precio final de un eléctrico, ese detalle no es menor.
La directiva también apunta a la cadena de suministro como objetivo. Una vez que la producción local arranque, BYD tiene previsto integrar fabricantes y proveedores de componentes locales. Es decir, no solo mover el ensamblaje final, sino construir un ecosistema industrial en el país donde se instale.
Los aranceles, el problema que acelera la decisión
Li no esquiva el elefante en la habitación. Los aranceles que la Unión Europea impuso a los coches eléctricos fabricados en China están tensando los márgenes de BYD. Y los costes logísticos tampoco acompañan: «En los últimos dos meses se ha duplicado, una locura», dijo sin rodeos.
Fabricar en Europa es, en este contexto, menos una decisión estratégica de largo plazo y más una necesidad a medio plazo. Mientras eso no ocurra, BYD sigue pagando aranceles y asumiendo una logística más cara de lo previsto. Li confía en que la situación «se resuelva», pero no especificó ni plazos ni en qué dirección espera que evolucione.
Lo que esto significa para el comprador de eléctrico en España
Si BYD acaba instalando producción en Europa, el impacto más directo para el conductor eléctrico sería en el precio. Fabricar localmente elimina aranceles y reduce costes de transporte, lo que en teoría debería traducirse en vehículos más competitivos. España ya es uno de los mercados europeos donde BYD tiene más presencia y ambición comercial, y una planta local reforzaría esa posición de forma estructural.
Quedan muchas preguntas sin respuesta: qué instalación existente estudia BYD, en qué comunidad autónoma podría ubicarse, qué volúmenes manejan y en qué plazos. Lo que está claro es que el interés es real y que España está entre las opciones. Para un mercado que todavía necesita que los eléctricos sean más accesibles, eso es una noticia que merece seguimiento.




