Hay una forma de cargar un eléctrico que cuesta casi lo mismo que hacerlo en casa, es perfectamente viable en cualquier calle o aparcamiento, y apenas existe en España. Se llama recarga en corriente alterna (AC) de acceso público, y AEDIVE y el operador europeo Qwello se juntaron en Madrid para explicar por qué no se está desplegando y quién tiene la llave para cambiar eso.
La respuesta es sencilla y algo incómoda: los ayuntamientos.
Los números que importan
Según los datos presentados por Javier Izquierdo, director técnico de AEDIVE, recorrer 100 km en un coche de gasolina supone unos 8,94 €. En un eléctrico cargado en casa, ese mismo trayecto cuesta 2,91 €. Pero si no tienes garaje y cargas en un punto AC público, el coste sube solo hasta 3,64 €. En cambio, si la única opción disponible es un cargador rápido DC, el precio escala hasta 8,36 €: prácticamente lo mismo que el gasolinero.
Ese diferencial lo explica todo. La carga AC pública no es solo más barata que la rápida: es la que hace que el eléctrico sea una opción económicamente racional para quien no tiene enchufe en casa.
El problema estructural: dos tercios de los españoles no tienen garaje
Carlos Carmona, director de desarrollo de Qwello, puso el dedo en la llaga: entre el 60% y el 70% de los hogares urbanos en España no dispone de garaje privado. Sin carga pública accesible en el barrio, el vehículo eléctrico deja de ser una solución colectiva para convertirse en un privilegio de quienes viven en un edificio con plaza.
Y la carga rápida DC no resuelve esto. Está pensada para viajes, no para el día a día de alguien que aparca en la calle. Carmona lo resumió con datos europeos: una sesión típica de carga AC en destino dura entre 1,5 y 4 horas, consume entre 10 y 25 kWh y cuesta entre 5 y 12 €. Y cuando la densidad de puntos AC supera los 0,5-1 puntos por matrícula eléctrica, las ventas de coches eléctricos crecen entre un 20%. La infraestructura genera demanda, no al revés.
Cuestión de voluntad política, no de tecnología
El mensaje de fondo del evento fue directo: el director general de Qwello, Carlos Vázquez, señaló que el 75% de la población española necesita infraestructura pública de recarga, y que conseguirla depende de los ayuntamientos, que son quienes tienen competencias sobre el espacio público urbano.
Vázquez propuso incluso cambiar el vocabulario del sector: en lugar de hablar de carga «lenta», «rápida» y «ultrarrápida», llamarla «barata», «cara» y «ultracaré». Una forma de hacer comprensible para el ciudadano lo que realmente está en juego.
La tecnología AC, además, tiene smart charging integrado, que permite programar la carga en horas valle y tarifas reducidas, es compatible con el mix renovable español y no requiere transformadores de gran tamaño ni infraestructura invasiva.
Lo que esto significa para el conductor eléctrico en España
La recarga rápida en autopista tiene su función: cubrir viajes largos. Pero el grueso de los kilómetros que hacemos son urbanos, y ahí es donde la red está fallando. Tener un punto AC en tu calle cambiaría el cálculo para millones de personas que hoy descartan el eléctrico precisamente porque no tienen dónde cargarlo cada noche.
El debate técnico está cerrado: la tecnología existe, los costes son asumibles y el modelo funciona en otros países europeos. Lo que falta, como reconocieron tanto AEDIVE como Qwello, es que los gobiernos locales decidan priorizar el despliegue. Mientras eso no ocurra, el eléctrico seguirá siendo en España más accesible para quien tiene garaje que para quien más necesita ahorrar en combustible.





