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El coche eléctrico ya sale más barato que el de gasolina: lo que cuesta de verdad usar uno le da la razón a quien dio el salto

No es una promesa para dentro de cinco años. El coste total de uso de un coche eléctrico —compra, energía, mantenimiento y reparaciones a lo largo de su vida útil— ya resulta inferior al de un turismo de combustión equivalente para la mayoría de conductores. Y la brecha sigue ampliándose.

Kempower, fabricante finlandés de cargadores de corriente continua con presencia en más de 60 países, incluye en su Capital Markets Day de mayo de 2026 un análisis del coste total de propiedad que compara el eléctrico con el de gasolina y diésel. La conclusión es directa: para los turismos, el eléctrico ya resulta más económico en el cómputo completo. Para 2030, la ventaja alcanza un 35%.

De qué hablamos cuando hablamos del coste real

El precio de compra es solo una parte de lo que cuesta tener un coche. Para calcular el gasto real hay que sumar lo que pagas en combustible o electricidad a lo largo de cinco o diez años. Añadir las revisiones, los filtros, el aceite, las pastillas de freno. Incluir las reparaciones imprevistas. Y considerar el valor residual del vehículo cuando llega el momento de cambiarlo.

Cuando se hace ese cálculo completo, el eléctrico tiene ventajas estructurales que se acumulan con los años. La electricidad es más barata por kilómetro que la gasolina, incluso cargando en puntos públicos. El motor eléctrico tiene muchas menos piezas en movimiento que uno de combustión, lo que se traduce en menos averías. Las revisiones son más sencillas. Los frenos duran más gracias a la frenada regenerativa, que recupera energía al decelerar y reduce el desgaste del sistema de frenos convencional.

El precio de compra inicial sigue siendo el punto débil del eléctrico en la mayoría de segmentos. Pero ese diferencial se está cerrando de forma consistente. Los fabricantes han bajado precios de forma significativa en los últimos dos años. Las ayudas del Plan Auto+ en España reducen el desembolso inicial de forma relevante. Y en el segmento de los coches más accesibles, ya hay modelos eléctricos que compiten en precio de lista con sus equivalentes de gasolina antes de aplicar ninguna subvención.

Para calcular el gasto real hay que sumar lo que pagas en combustible o electricidad a lo largo de 5 o 10 años.

El precio del petróleo complica el cálculo para el gasolina

Hay un factor que los análisis de coste total suelen dejar fuera: la volatilidad del precio de la energía fósil. La gasolina y el diésel están ligados al precio del crudo. Fluctúan con tensiones geopolíticas, decisiones de la OPEP y ciclos económicos impredecibles.

Quien tiene un eléctrico puede aprovechar la electricidad nocturna con tarifa valle, la generación solar de su propia instalación fotovoltaica o las tarifas de operadores de carga con precio fijo por sesión. Esa previsibilidad tiene valor real.

Kempower señala que la volatilidad del precio del petróleo está acelerando los compromisos de electrificación tanto de gobiernos como de empresas. No es solo una cuestión de costes medios: es una cuestión de control sobre el gasto energético a largo plazo. Algo especialmente relevante en España, país importador neto de energía fósil.

Para los camiones, la ventaja también llega, aunque con más calma

Para los vehículos comerciales pesados, el análisis apunta en la misma dirección pero con un calendario más retrasado. La proyección de Kempower sitúa la ventaja del camión eléctrico en torno al 15% de ahorro en coste total de uso para 2030. La diferencia es menor que en el turismo porque el precio de compra de un camión eléctrico sigue siendo muy superior al de combustión, y porque la logística de carga en rutas largas añade complejidad operativa.

Pero la dirección es la misma. A medida que bajan los precios de las baterías y crece la red de carga de alta potencia para vehículos pesados, la balanza del coste total se inclina hacia el eléctrico también en el transporte de mercancías.

Lo que esto significa para quien está decidiendo ahora

Para el conductor particular en España, el mensaje es directo. Si planificas un coche para los próximos siete u ocho años, la suma de lo que pagarás en combustible, revisiones y reparaciones probablemente ya da la ventaja al eléctrico. El precio de compra no es el único número que cuenta. Y ya no es el argumento definitivo a favor del gasolina que era hace tres años.

El coste de oportunidad de no dar el salto al eléctrico se hace más visible cada año. No por las narrativas de sostenibilidad, sino por la aritmética del gasto real en transporte. Lo que en 2021 era una apuesta orientada al futuro es hoy, para muchos perfiles de conductor, simplemente la opción más barata. Y esa es, al final, la razón que mueve las decisiones de compra.

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