Defensa tiene ya informes internos que califican de «amenaza» la futura fábrica de MG en Ferrol. El motivo: SAIC eligió levantarla a solo cinco kilómetros en línea recta del arsenal militar y del astillero de Navantia, y descartó otros puertos que no rozaban intereses estratégicos.
SAIC Motor, la estatal china propietaria de MG, anunció en junio su primera fábrica de coches eléctricos en Europa, repartida entre Ferrol y As Pontes. Mientras la Xunta y el Gobierno central celebran la inversión, Defensa y el CNI han trasladado su preocupación por la seguridad del entorno, según adelantan medios como El País y El Mundo.
Por qué Ferrol y no Vigo o Gijón
Según El País, a SAIC se le ofrecieron otras ubicaciones sin cercanía militar, como Vigo o Gijón, pero la compañía eligió precisamente la ría en cuya entrada se concentran algunos de los activos navales más sensibles de España: las fragatas F-100 y el astillero de Navantia, donde se construyen las F-110 con tecnología estadounidense. «Basta con sentarse en el puerto exterior de Ferrol para tomar nota», advierte un militar consultado por el diario. Un patrón similar se repite fuera de España: SAIC también planea instalarse cerca de la base naval de San Diego, en México.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, trasladó su preocupación al presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, según El País, aunque este mantiene su compromiso con el proyecto. El Mundo, por su parte, ha tenido acceso a informes internos de Defensa que califican la presencia china en la entrada de la ría como «una amenaza», con el riesgo añadido de que la OTAN y la UE dejen de considerar Ferrol un puerto seguro. El contraste político es llamativo: la Xunta lo llama «el mayor proyecto internacional» de las últimas décadas, y tanto Alfonso Rueda como Pedro Sánchez se disputan el mérito tras viajar a China en abril para impulsarlo, según recoge el propio El País.
El riesgo no es la fábrica, son los subcontratistas
Lo que más inquieta a los servicios de inteligencia no es la planta de SAIC en sí, sino el tejido industrial que la rodea. Navantia genera más de 2.500 empleos indirectos en la comarca además de sus 1.885 trabajadores directos, y las mismas pymes que subcontratan para el astillero y la base naval trabajarán también para SAIC en el polígono de Mandiá, a 13 kilómetros del puerto exterior. El temor es que algún empleado con acceso a ambos entornos sea captado por servicios de inteligencia chinos —lo que en el sector se conoce como Humint, espionaje humano—, además del riesgo más convencional de ciberataques.
Aranceles, empleo y letra pequeña
La fábrica tiene una lógica industrial concreta: producir dentro de la UE para esquivar el arancel del 45% que Bruselas aplica a los eléctricos chinos, según cifra El País. Ese porcentaje no es igual para todas las marcas: se compone del arancel general del 10% a la importación más un gravamen específico que la Comisión Europea fija en un 17% para BYD, un 18,8% para el grupo Geely y hasta un 35,3% para SAIC —el más alto de los tres—, lo que eleva su factura total hasta ese entorno del 45%. Fabricar en Ferrol elimina ese sobrecoste, y explica por qué SAIC es quien más prisa se está dando en instalarse en suelo europeo.
El proyecto contempla una inversión inicial de 200 millones de euros y 1.000 empleos directos (540 en producción, 460 en logística), más otros 300 en un centro logístico en As Pontes, con capacidad para 120.000 vehículos al año. Las obras podrían arrancar en 2027 para estar operativa antes de que acabe 2028. Ferrol tiene una tasa de paro del 12,1%, casi el doble que la media provincial, lo que explica el entusiasmo de la Xunta. Pero El País también recoge la letra pequeña: en su fase inicial, SAIC se limitaría a ensamblar vehículos desmontados llegados en contenedores desde China, con una planta muy robotizada, lo que reduciría el impacto real en el empleo local frente a las cifras que se están manejando.
Para quien conduce o quiere conducir un eléctrico en España, el trasfondo importa tanto como el titular de la inversión: una fábrica de MG en Galicia puede significar coches más baratos al esquivar aranceles, pero el choque entre esa lógica industrial y la seguridad nacional es el tipo de fricción que puede acabar retrasando —o condicionando— proyectos similares de otras marcas chinas que ya miran hacia Europa.




