CATL no solo hace baterías para coches. En el mismo evento en el que la china anunció la neutralidad de carbono de sus 20 fábricas, la compañía enseñó hacia dónde mira su negocio más allá del coche eléctrico: camiones que cambian de batería en minutos, una batería de avión que acaba de superar una prueba de seguridad que nadie había pasado antes, y fábricas que funcionan solo con energía verde. Todo esto mientras en Zaragoza avanza la gigafactoría que CATL comparte con Stellantis.
Camiones que cambian de batería en minutos: primero en Reino Unido
CATL ha cerrado una alianza al 50% con Octopus Energy —la eléctrica británica con sus tarifas dinámicas, que también opera en España— para construir una red de estaciones de intercambio de baterías para camiones eléctricos. Las primeras estaciones de demostración funcionarán en Reino Unido en 2027, en autopistas troncales y puertos logísticos, y se ampliarán después a Escocia y Gales. El objetivo declarado es superar las 30 estaciones en 2035 y dar servicio a más de 300.000 camiones eléctricos, aunque esa cifra es una proyección de la propia alianza, no un compromiso cerrado.
Es la misma tecnología —cambiar el paquete de baterías en vez de esperar a que cargue— que CATL vende para turismos en China bajo la marca Evogo, donde ya cuenta con miles de estaciones. En Europa el plan arranca solo en Reino Unido y solo para flotas de transporte pesado. No hay, de momento, ningún calendario público para España ni para el resto del continente, más allá de la promesa genérica de construir «una red en Europa».
Una batería de avión que ha superado un test que nadie había pasado
El 9 de agosto CATL anunció que su batería de aviación superó una prueba de seguridad inédita: activó a propósito dos celdas contiguas de la batería a la vez y consiguió que el fallo no se propagara al resto del paquete, con representantes de la aviación civil china como testigos. La batería alcanza 350 Wh/kg de densidad energética —muy por encima de lo habitual en un coche eléctrico— y ya está lista para producción en serie. Su primer cliente será Autoflight, fabricante de aeronaves eVTOL (despegue y aterrizaje vertical) en el que CATL tiene participación desde 2024.
Conviene no perder de vista la escala real de esto: es un hito de seguridad para un tipo de aeronave, el eVTOL de pasajeros, que todavía no vuela de forma comercial en ningún país. Ayuda a explicar por qué CATL diversifica su negocio de baterías, pero no significa que vayamos a ver taxis aéreos eléctricos en España a corto plazo.
La fábrica de Zaragoza y los 1,5 GWh de Asturias: la parte que toca a España
Aquí es donde la neutralidad de carbono que CATL presume deja de ser un dato lejano. La compañía y Stellantis levantan en Zaragoza una fábrica conjunta de baterías LFP con una inversión de hasta 4.100 millones de euros y una capacidad de hasta 50 GWh, pensada para abastecer de baterías más baratas a los eléctricos de los segmentos B y C del grupo. Si CATL cumple lo que promete —fabricar con cero emisiones netas en sus operaciones y exigir a sus proveedores datos de huella de carbono desde 2027—, esos estándares son los que llegarán, en teoría, a la planta aragonesa.
Y no es la única pata española. En mayo, CATL cerró con Grenergy un acuerdo para suministrar baterías de su modelo TENER S (química LFP) a dos proyectos de almacenamiento energético en España: 700 MWh en Oviedo, operativo a partir de 2027, y 800 MWh en Escuderos, combinado con 200 MW de solar, cuya construcción arranca en la segunda mitad de 2026. Entre ambos, 1,5 GWh de baterías chinas que van a acumular energía renovable española.
CATL también aseguró en el evento que sustituye generadores diésel por sistemas solares con baterías en la Amazonía peruana, aunque no hemos podido confirmar de forma independiente ese proyecto concreto: los parques solares con almacenamiento ya documentados en esa región los han desarrollado otras compañías (Novum Solar y EDF Perú), así que de momento esa afirmación queda como lo que es, un dato de la propia marca.
Lo relevante para quien conduce o va a comprarse un eléctrico en España es esto: cada vez más de la batería que lleva su coche, o de la que almacena la energía solar que lo carga, sale de la misma cadena de suministro china que CATL quiere blindar con sello de «cero carbono». Que esa promesa se cumpla de verdad, con auditoría independiente y no solo con el certificado que enseña la propia CATL en un evento, es lo que determinará si la soberanía energética europea gana algo con todo esto o solo cambia de proveedor.





