Escanear un código QR en la pantalla del cargador, pagar desde el navegador del móvil y empezar a cargar sin descargar ninguna aplicación ni crear una cuenta. Eso es lo que promete la empresa española Ingeteam con FUSION, su gama de cargadores que ya incorpora códigos QR dinámicos como método de pago ad hoc.
No es una función menor. El pago sin registro previo es, precisamente, uno de los puntos que más fricción genera hoy en la experiencia de carga pública en España: cada operador tiene su propia app, y quien hace un viaje largo puede acabar con media docena instaladas en el teléfono solo para llegar a destino.
Cómo funciona el pago con QR dinámico de FUSION
El proceso de Ingeteam es sencillo: el usuario escanea el código QR que aparece en la pantalla del cargador, el sistema le redirige a la plataforma de pago del operador, completa el pago online y la carga arranca de inmediato. No hace falta ni app ni contrato previo con el operador.
La clave está en que el código es dinámico y se genera en la propia pantalla del equipo, no en una pegatina física pegada al armario del cargador. Esa diferencia importa más de lo que parece: un QR estático en una pegatina puede sustituirse por otro fraudulento sin que el usuario lo note, una técnica de estafa que ya se ha detectado en aparcamientos y gasolineras de varios países europeos. Al generarse en pantalla y poder actualizarse de forma remota, Ingeteam sostiene que el sistema reduce ese riesgo y facilita la gestión a los operadores, que pueden modificar el código sin desplazarse hasta el punto de carga.

Qué obliga realmente el reglamento AFIR (y qué no)
Ingeteam enmarca esta función dentro del Reglamento europeo de Infraestructuras de Combustibles Alternativos (AFIR), que entró en vigor el 13 de abril de 2024 y busca estandarizar la forma de pagar la recarga en toda la Unión Europea. Conviene precisar qué dice exactamente la norma, porque no todos los cargadores tienen las mismas obligaciones.
Para los puntos de recarga de acceso público con una potencia igual o superior a 50 kW, el AFIR exige lector de tarjeta bancaria o pago sin contacto, con un plazo que se extiende hasta el 1 de enero de 2027 incluso para equipos ya instalados. Por debajo de esos 50 kW —el rango donde se mueven la mayoría de los cargadores en corriente alterna que se instalan en calles, parkings de centros comerciales o comunidades de vecinos— la exigencia es distinta: basta con un código QR dinámico que permita el pago ad hoc, sin necesidad de instalar un datáfono físico, que encarecería significativamente equipos de potencia más modesta.
Aquí es donde encaja la propuesta de Ingeteam: FUSION se dirige justamente a ese segmento de menos de 50 kW, donde instalar un lector de tarjetas resultaría desproporcionado frente al coste del propio cargador, y donde el QR dinámico es la solución que contempla el reglamento. La compañía indica que ya cumple con estos requisitos, aunque conviene recordar que se trata de una afirmación de la propia marca sobre su producto, no de una certificación independiente publicada.
El punto ciego de la red española: la carga por debajo de 50 kW
Buena parte del debate público sobre el AFIR se ha centrado en los cargadores rápidos de las autopistas, esos que superan los 150 kW y que son los que de verdad marcan el ritmo de un viaje largo. Pero la red de carga que más usa el conductor eléctrico en su día a día en España —la de su barrio, la del trabajo, la del centro comercial— suele estar por debajo de los 50 kW, en corriente alterna. Ahí, el pago sigue dependiendo en muchos casos de apps y tarjetas RFID de operadores concretos, precisamente el modelo que el AFIR quiere flexibilizar.
Que un fabricante con presencia en instalaciones de referencia como las estaciones de ADIF o la red de Paradores incorpore de serie el pago por QR en esta gama de potencia media no resuelve el problema en toda la red existente —los cargadores ya desplegados sin esta función tendrán que adaptarse—, pero sí marca una dirección: la de equipos que llegan de fábrica preparados para el pago ad hoc, sin depender de una actualización posterior ni de que el operador decida invertir en ella.
Para quien todavía no tiene coche eléctrico, este tipo de detalles pesa más de lo que parece a la hora de decidirse. La necesidad de instalar media docena de apps para poder cargar en distintos puntos ha sido, durante años, una de las quejas más repetidas entre los usuarios. Que la propia normativa europea obligue a simplificar ese proceso —y que fabricantes como el español Ingeteam lo incorporen antes de que el plazo apriete— es una señal de que la carga pública en España empieza a parecerse más a repostar gasolina: sin fricciones, sin registros previos y sin necesidad de elegir bando entre operadores antes de arrancar.





