El nuevo Reglamento europeo de vehículos al final de su vida útil entra en vigor desde el pasado 13 de agosto y cambia las reglas del juego para fabricantes y desguaces. La norma fija, por primera vez, objetivos vinculantes de contenido reciclado en los coches nuevos que se vendan en la UE.
El plástico reciclado deberá alcanzar el 15% en los vehículos fabricados a partir de 2032, y el 25% desde 2036. La Comisión Europea añadirá más adelante objetivos específicos para acero y aluminio, que empezarán a aplicarse en 2033. Son las primeras metas de este tipo en el sector del automóvil europeo.
Qué cambia en el diseño y en el desguace
La norma no se limita a fijar porcentajes. También obliga a diseñar los coches pensando en que sea más fácil desmontarlos, reutilizar sus piezas y recuperar materiales al final de su vida. Los fabricantes tendrán que dar más información sobre cómo sustituir componentes durante el uso del vehículo y cómo tratarlos cuando llega el desguace.
El reglamento pone el foco en la recuperación de materias primas críticas: aluminio, cobre y tierras raras. No entra, en cambio, en el litio, el cobalto o el níquel de las baterías de los eléctricos: esos materiales se rigen por el Reglamento de Baterías de la UE, una norma distinta y ya en marcha por separado.
Otro cambio relevante llega en la exportación. Desde mediados de 2031, solo podrán salir de la UE los vehículos que sigan siendo aptos para circular. El objetivo es cortar la práctica de exportar coches de desguace disfrazados de vehículos de segunda mano, algo que hasta ahora generaba una zona gris difícil de fiscalizar. La norma también refuerza la responsabilidad ampliada del productor: las marcas deberán asumir parte del coste de recogida y tratamiento de sus propios vehículos cuando lleguen al final de su vida, y el reglamento amplía su alcance a camiones, autobuses y motocicletas.
Lo que significa para el parque español
España tiene un motivo particular para prestar atención a esta norma: su parque de turismos es de los más envejecidos de la UE, con una media de 14,6 años, según el último informe de ANFAC e IDEAUTO. Más de 9,2 millones de vehículos superan ya los 20 años de antigüedad. Ese volumen de coches acabará, tarde o temprano, pasando por un proceso de desguace, y las nuevas reglas sobre trazabilidad y criterios más claros para distinguir un vehículo usado de uno de fin de vida afectarán directamente a cómo se gestiona esa transición en España.
Mientras tanto, la electrificación del parque sigue avanzando: los vehículos electrificados sumaron 27.550 matriculaciones en julio, un 22,3% de cuota mensual, según ANFAC. A medida que ese parque eléctrico crezca, la pregunta relevante para quien ya conduce o va a comprar un eléctrico no es solo cuánto dura la batería, sino qué pasa con el coche —y con sus materiales— cuando deje de rodar. Esta norma empieza a poner reglas claras sobre esa segunda parte, algo que hasta ahora quedaba en manos casi exclusivas de cada fabricante.





