La escena se repite en supermercados de toda España, y hoy ha vuelto a fotografiarse en un Mercadona de Chiclana de la Frontera, en la provincia de Cádiz: un vehículo de combustión aparcado sobre una plaza señalizada para la recarga de coches eléctricos, con el punto de carga a apenas un metro y sin ningún cable conectado.
En la imagen se ve con claridad el suelo pintado en verde, la señal vertical con el icono del enchufe y un cargador de pared instalado junto a la fachada del supermercado. Justo delante, ocupando el hueco, un turismo sin ningún indicio de estar cargando. A su lado, otro vehículo aparcado en otra plaza para cargar vehículos eléctricos, pero además reservada para personas con movilidad reducida, en una imagen que resume bien lo poco que algunos conductores respetan la señalización específica, sea del tipo que sea.
No es un caso aislado ni una excepción de un aparcamiento concreto. Es un patrón que cualquier conductor eléctrico en España reconoce con solo leer estas líneas.
Un problema que no es solo de mala educación
Cuando una plaza de carga está ocupada por un coche que no la necesita, el perjuicio no es simbólico. Para el conductor eléctrico que llega con batería baja y planificaba esa parada para recargar mientras hace la compra, encontrarse el punto bloqueado puede significar buscar otro cargador, esperar, o directamente quedarse sin margen para completar el trayecto que tenía previsto. En una red de recarga pública que en España todavía tiene puntos flojos —sobre todo fuera de las grandes ciudades—, cada plaza inutilizada pesa más de lo que parece.
El problema se agrava porque, a menudo, no hay quien lo haga cumplir. Muchos supermercados no disponen de personal ni de mecanismos automáticos para retirar a quien ocupa indebidamente estas plazas, y la señalización, por sí sola, no obliga a nadie. Algunos ayuntamientos ya han empezado a incluir este tipo de ocupación indebida en sus ordenanzas de aparcamiento, con la posibilidad de sanción, pero la aplicación real sobre el terreno sigue siendo desigual según la localidad.
En este caso concreto, la solución no era demasiado complicada: cruzar la acera y cargar gratis en los cargadores que Lidl pone a disposición de sus clientes durante 30 minutos.

La responsabilidad también es de quien diseña el aparcamiento
No toda la culpa es del conductor incívico. Cuando las plazas de carga se ubican sin ningún elemento físico que dificulte su ocupación indebida —un bolardo, una franja más marcada, una supervisión mínima— es más fácil que cualquiera las trate como una plaza más. Cadenas como Mercadona han apostado por instalar cargadores en sus aparcamientos, pero de poco sirve tener el punto de carga si no se señaliza como «prohibido aparcar excepto vehículos en proceso de carga» y además nadie vela por que llegue a usarse para lo que está pensado. La solución no pasa solo por multar, sino por diseñar el espacio de forma que ocuparlo sin motivo resulte, como mínimo, incómodo.
Casos como el de este Mercadona gaditano no son una anécdota. Son el recordatorio de que la transición hacia el coche eléctrico en España no depende solo de cuántos cargadores se instalen, sino de que esos cargadores estén realmente disponibles cuando un conductor eléctrico los necesita. Mientras, la vigilancia y la señalización física sigan siendo tan débiles como en la imagen de hoy, cualquier plaza de recarga seguirá siendo, en la práctica, una plaza más.




