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España, isla energética: solo conecta el 2% con Europa pese a exportar el doble de luz de la que importa

España cerró 2025 como exportador neto de electricidad por cuarto año consecutivo, con un saldo de 13.004 GWh a favor. Y sin embargo, sigue considerándose una isla energética: la capacidad de intercambio con Francia apenas sitúa el ratio de interconexión con el resto de Europa en el 2%, muy por debajo de lo que recomienda la Unión Europea.

Qué significa ser una isla energética

El término no habla de geografía, sino de aislamiento funcional. Una isla energética es un territorio con pocas interconexiones eléctricas —líneas de alta tensión y subestaciones— con sus vecinos. Sin ellas, un país no puede colocar excedentes fuera cuando produce de más, ni importar con facilidad cuando lo necesita.

España está conectada con Portugal, con Marruecos y, a través de Francia, con la red eléctrica continental. Pero según Red Eléctrica, la capacidad de intercambio con Francia ronda los 3 GW. Eso deja a la Península con un ratio de interconexión de apenas el 2% respecto a su potencia instalada, lejos del umbral que Bruselas considera saludable.

Un exportador neto que no puede aprovechar del todo su ventaja

Los números del Informe del Sistema Eléctrico 2025 de Red Eléctrica confirman que España ya no es un país dependiente del exterior. En 2025 exportó 26.206 GWh e importó 13.202 GWh, con Portugal como principal destino (9.184 GWh, séptimo año consecutivo en superávit) y Marruecos como segundo mercado exportador (3.743 GWh, cuarto año seguido). Con Francia, en cambio, el saldo fue casi neutro: solo 138 GWh en sentido importador.

Ese superávit se explica en gran parte por el mix eléctrico: en 2025, las renovables cubrieron el 55,5% de la generación nacional, un máximo histórico. España produce energía limpia de sobra. El problema es sacarla fuera cuando conviene, y traerla cuando escasea.

El límite no está solo en la frontera con Francia

La Unión Europea fijó en 2014 un mínimo del 10% de interconexión para 2020, y en 2017 elevó el objetivo al 15% para 2030. España, por su posición geográfica y la barrera de los Pirineos, sigue sin acercarse a esos umbrales. La solución en marcha es la nueva interconexión submarina por el Golfo de Bizkaia, con 400 kilómetros de longitud (300 bajo el mar), que casi duplicará la capacidad de intercambio con Francia: de los actuales 2.800 MW a 5.000 MW. Su entrada en servicio está prevista para 2028.

Pero la falta de músculo eléctrico no es solo un problema de frontera. Dentro de España, la propia red de transporte y distribución también está bajo presión: según datos recientes del sector, más del 85% de las subestaciones eléctricas no admiten nuevas altas, lo que dificulta conectar desde fábricas y viviendas hasta puntos de recarga rápida. Esa saturación interna convive con el barómetro de electromovilidad de ANFAC del segundo trimestre de 2026, que sitúa la red pública de recarga en 56.682 puntos operativos, mientras 17.821 puntos ya instalados —casi uno de cada cuatro— siguen sin funcionar, en su mayoría por trámites administrativos pendientes.

El precio barato que no siempre llega al recibo

Según el mismo informe de REE, el mercado mayorista español tuvo en 2025 los terceros precios más bajos de Europa, solo por detrás de los países nórdicos agrupados en Nord Pool y de Francia. Con más interconexión, ese excedente renovable barato podría venderse fuera y reforzar la posición exportadora de España.

Pero la paradoja conecta con la saturación interna: en julio de 2026, más del 9,5% de la electricidad limpia generada se perdió por congestión de red, según cifras del sector, mientras el recibo medio en PVPC subía un 15,3% respecto al año anterior. Un sistema con energía barata de sobra no siempre se traduce en una factura más baja si la red no da abasto para moverla.

Para quien ya conduce un eléctrico en España, o está pensando en dar el salto, esta historia no es solo geopolítica energética. La misma limitación estructural que frena la interconexión con Francia —una red que no crece al ritmo de la demanda— es la que retrasa la conexión de nuevos puntos de recarga rápida y complica instalar un cargador doméstico en según qué zonas. Más interconexión con Europa y más inversión en la red interna van de la mano: sin ambas, la electrificación del transporte avanza más lento de lo que podría.

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